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Batería Lenovo Thinkpad T400

En mayo del año pasado Javier López Tazón probaba el MacBook de Apple, una nueva familia de máquinas para el catálogo de la compañía de la manzana que desde hace años está estancado en dos modelos: el MacBook Air y el MacBook Pro. El MacBook -así, a secas- jugaba a encontrar un camino entre las filosofías de esos dos productos, combinando la ligereza de los Air con la fantástica pantalla Retina de los Pro.

En cierta forma, el MacBook era también el heredero de aquel primer Air que Steve Jobs sacó de un sobre manila en el auditorio del centro de conferencias Moscone en 2008, ligeramente diferente al equipo que acabó imponiéndose en años sucesivos; una máquina que exploraba los límites de la informática portátil sacrificando conexiones y puertos, el canon de lo que debería ser un PC para una era en la que cada vez conectamos menos periféricos y en la que la mayoría de las conexiones son inalámbricas.

No pude probar ese primer modelo de MacBook pero sí su sucesor, presentado la semana pasada. Desde noviembre de 2015 uso un iPad Pro como equipo principal de trabajo, aunque para edición fotográfica vuelvo periódicamente a un MacBook Air de mediados de 2010 que aguanta bastante mejor que yo el paso de los años. Durante la última semana he invertido esta situación. Mi ordenador principal de trabajo ha sido un Mac, el nuevo MacBook, y el iPad ha quedado relegado a un papel secundario.Todo lo dicho por Javier en el modelo del año pasado sirve para éste. A simple vista es la misma máquina, con el mismo aspecto externo, peso -900 gramos- y dimensiones. La única diferencia es que al igual que en la gama iPhone y iPad, ahora está disponible en color rosa dorado. La consecuencia de reducir un ordenador a su esencia es que no hay mucho que cambiar en futuras iteraciones y esto puede ser tan positivo como negativo.

El trackpad es amplio y el teclado bastante cómodo. El trackpad es amplio y el teclado bastante cómodo.
Lo bueno vuelve a hacer acto de presencia. Acostumbrado a las pantallas retina de los iPads y iPhones, volver a la densidad normal de pixeles en el MacBook Air era siempre un suplicio. Leer o ver fotos en la pantalla del MacBook es, en cambio, un auténtico placer. Son 12 pulgadas que esconden 2.304 por 1.440 píxeles que se disfrutan con excelente nitidez y contraste.

En el interior, que en realidad no es mucho más grande que una caja de cerillas (bajo el teclado casi todo es batería), Apple ha incluido la nueva generación de procesadores Core M de Intel. Esto quiere decir que es un ordenador un poco más potente que la versión del pasado año, en torno a un 20% o un 30% tanto en capacidad de cálculo como en rendimiento gráfico. No es mucho y no acaba con las limitaciones del primer MacBook. No es una máquina pensada para editar vídeo en 4K, aunque pueda hacerlo si el usuario es paciente, ni para jugar. A cambio es completamente silencioso, un detalle que se agradece y que en cierta forma lo acerca a los iPads. No hay partes móviles o ventiladores en el interior y no se calienta.

Gracias al nuevo procesador el MacBook gana también algo de autonomía. Aproximadamente una hora. La compañía asegura que se puede usar alrededor de 10 horas con navegación WiFi moderada y mi experiencia es más o menos esa. Además del nuevo procesador el MacBook tiene una nueva memoria SSD, aproximadamente un 20% más rápida tanto en lectura como en escritura. Tiene, también, un trackpad excelente: amplio y capaz de crear la sensación de que se está pulsando a pesar de que no se mueve -lo hace gracias a un astuto sistema de retroalimentación táctil-.

¿Puertos? Sólo uno. Este USB-C ¿Puertos? Sólo uno. Este USB-C
Como decía, no es el MacBook al que acudir cuando se busca potencia -para eso está la gama Pro- pero para muchas situaciones es más que suficiente. En la informática doméstica, salvando aplicaciones muy específicas como el ocio electrónico, hemos llegado a una era en la que la mayoría de las máquinas ofrece rendimiento de sobra para las tareas más comunes. Ésta no es una excepción.

No es una ganga. El modelo básico, con 256 Gb de almacenamiento y 8 GB de RAM, cuesta 1.449 euros pero para quienes tienen que viajar o mover el ordenador constantemente y quieran usar el sistema operativo OSX puede ser una inversión que merece la pena. El MacBook Air es más barato y no mucho más pesado, sobre todo en su versión de 11 pulgadas, pero arrastra una pantalla de peor resolución. No creo que Apple cambie la mejore, la verdad, aunque lo mismo hay sorpresas en junio. La conferencia de desarrolladores WWDC debería traer nuevas versiones de MacBook Pro pero puede que también deje alguna mejora en las gamas más bajas.

Lo bueno se mantiene entre generaciones, pero también lo malo. Apple vuelve a apostar por un único puerto USB-C como forma de conexión. Para mí no ha supuesto un problema durante la semana. Con una gran batería el patrón de uso de este Mac se parece más al de un iPad o un iPhone. El equipo se carga por la noche y durante el día el puerto está libre para cualquier conexión que sea necesaria. Aún así el puerto USB-C aún no está todo lo extendido que convendría y es probable que haya que echar mano de un adaptador a conexiones USB convencionales. Lo mismo ocurre si queremos conectar el MacBook a un monitor externo, un proyector o una red por cable, hace falta un adaptador.

Un puerto USB-C extra no eliminaría el problema de tener que usar adaptadores pero haría la vida muchos más sencilla. Una de las ventajas de esta conexión, eso sí, es que permite cargar el ordenador desde una batería externa como las que se usan para teléfonos móviles.El teclado, con un recorrido de tecla algo más limitado que los tradicionales de otros portátiles, preocupaba a muchos potenciales usuarios. No lo noto incómodo pero desde noviembre estoy usando el de la funda del iPad Pro, que es todavía más pequeño. Para mí, no es un problema. Más difícil es digerir la calidad de la cámara frontal, que graba vídeo a una paupérrima resolución VGA.

Hace tiempo que en Apple tienen claro que el futuro de la informática doméstica es el iPad, no los Mac. Tim Cook no se cansa de repetirlo cada trimestre. Pero el iPad nunca podrá llegar a cubrir las necesidades de todos los usuarios. En los extremos habrá siempre hueco para máquinas diferentes, portátiles de diseño más convencional o que necesiten ser más pesados y potentes.Aquí es donde hay que encajar este MacBook. Es una máquina con compromisos porque está diseñada para casos específicos. Las limitaciones pueden ser molestas para quienes necesitan mucho más de un portátil pero para aquellos a los que ofrece justo lo que buscan, para quienes anhelan una buena máquina portátil con excelente pantalla y un sistema operativo tradicional, no hay mejor sensación que prescindir de todo lo superfluo.

Se trata de una apuesta casi obsesiva: los fabricantes buscan batir récords a fuerza de alcanzar diseños imposibles en sus dispositivos, y este hábito toca de lleno también a los portátiles. En este sentido, el MacBook de Apple siempre ha estado a la vanguardia en lo que al escaso grosor de su diseño en las sucesivas versiones, y en especial en lo que respecta al Air, cuyas dimensiones parecían siempre un desafío a las leyes de la física y la ingeniería. Pues bien, HP ha anunciado al mundo hoy el Spectre, el portátil que ostenta ya el título de ser el más fino del mundo, y esta marca es todo un grado en un competidísimo mercado. La compañía, además, ha aprovechado para renovar su logotipo, aunque solo para esta ocasión.

El Spectre registra unos mínimos 10,4 milímetros de grosor, un esfuerzo en que ha exigido ciertos sacrificios a nivel de diseño, pero con un impacto prácticamente inexistente en lo que toca al usuario. En este equipo hay mucho de producto, pero también de marketing: el hecho de llevar ya el título de ser el más fino y superar por muy poco el kilo de peso, no sólo es una indudable ventaja en lo que respecta al trasporte y uso del portátil para los más viajeros, sino que copa los titulares, y con ellos la codicia de los que buscan algo especial. Sí, el Spectre se dirige al segmento premium de los portátiles, aquel en el que se nutre Apple, y HP no lo hace por una cuestión baladí: se trata del que se puede obtener más rentabilidad en un mercado en claro declive.

La venta de ordenadores, tanto portátiles como sobremesa, registra un imparable declive motivado fundamentalmente por un cambio de usos en el mercado, que opta por los más versátiles convertibles (aquellos que cuentan con pantalla táctil y teclado), o abiertamente por los tablets o directamente por los smartphones. Sin embargo y a medida que se estrecha la charca, los principales fabricantes elevan sus apuestas con productos dirigidos a los compradores de productos de gama alta. El Spectre es un claro ejemplo de ello: se trata de un portátil puro y duro (no cuenta con pantalla táctil ni teclado desprendible), pero que cuenta con toda la miga para satisfacer al usuario más intensivo.